Thursday, October 7, 2010

CAPITULO 24 (¡¡¡GRAN FINAL!!!), ESCRITO POR: RENZO

CAPITULO 24 (¡¡¡GRAN FINAL!!!)

ESCRITO POR: RENZO


(* Serena *)

Rato después, Serena, completamente, desnuda reposa sobre el cuerpo de Gerónimo…
-Gracias mi amor, por esta noche. Eres un ángel. Te amo.-, dice Serena.
-Te amo, Serena, te amo. Sé que he sido muy obesivo e infantil contigo, pero, a pesar de todo, te amo. Y Serena… yo… ejem… ¿Quieres casarte conmigo?
-¿Me proponer matrimonio, Gerónimo?
-Bueno, no es ninguna obligación….
-¿Esto responde a tu pregunta?
La hermosa mujer le da un beso a su amado, y ambos vuelven a besarse, dándo rienda suelta a su amor.

(* Valentin *)

Entonces, ellos notifican la noticia a sus familiares y amigos de la boda. Es cuando, Serena, caminando por la playa, se encuentra nuevamente con Valentín y sus dos hijos. Valentín está felíz de volver a ver a Serena, su gran amiga, la incondicional, aquella señorita del desastre que cambió para siempre su vida…
-Serena… ¿Cómo estás?
-¡Valentín! ¿Cómo estás? ¿Y esos… ejem…jóvenes?
-Son mis hijos… Luz y Benjamín.-, dice Valentín.
-¡Oh, qué grandes se han puesto! ¡Como pasa el tiempo!-, exclama Serena.
-Papá siempre nos habla mucho de ti, Serena. Dice que es una gran amiga-, exclama Benjamín.
-Serena es más que una amiga para mí… ella es… mi hermana.-, dice Valentín.
-Así eso, Valentín es como mi hermanito mayor.-, dice Serena con alegría.
Los hijos se enternecen con Serena.
-Valentín, no sé como darte esta noticia, pero, me voy a casar.
-¿Te vas a casar? ¿Y quién es el afortunado?-, pregunta Valentín.
-Pues, Gerónimo me ha propuesto matrimonio.-, responde Serena.
-Cuánto me alegro.-, dice Valentín, con un halo de tristeza en su rostro.
-Y me gustaría que tú, mi hermanito “perfección”, seas el padrino de la boda.
-Serena… me halagaría pero…
-¿Lo dices por Gerónimo? Pues, te cuento que él ha cambiado mucho, ahora es más comprensivo y tolerante con los demás, además, le pregunté a él y está de acuerdo. ¿Qué dices?
-Está bien. Acepto ser el padrino de la boda. Lo hago por ti, Serena. Pero, ¿Puedo ir con Rodrigo?-, dice Valentín.
-¡Por supuesto! ¡Rodrigo me cae muy bien!-, exclama Serena.
Serena y Valentín intercambian sonrisas.

(* Xiomara *)

Por su parte, la exuberante Xiomara se entera por un chisme del salón de belleza, del matrimonio de Gerónimo, y explota de la ira. Entonces, llega a su casa, donde lo espera el marido…
-¡No puedo creerlo! ¡Esa “zorra” se salió con la suya!-, exclama Xiomara.
-¿Te pasa algo, mi amor? Quizás necesites unos besitos y apapachos.-, dice el marido, abrazando a su mujer.
-Ya basta, Renzo, qué no estoy de humor para esas cosas…
-¿Qué pasa, Xiomara? ¿No te gusta que te dé besitos y apapachos?
-Si, claro que me gusta. Discúlpame, mi amor, es que tuve un mal día en la peluquería.
-¿Te enteraste que nuestra nana, Serena, se va a casar? Me la encontré el otro día con su novio. Se llama Gerónimo Salvatierra y parece un buen muchacho. Me alegro por ella. Y nos han invitado a la boda.
Xiomara se llena de coraje al mencionar la noticia, pero, Renzo se da cuenta de su reacción…
-No creo que vaya a la boda.
-¿Pasa algo? ¿Acaso hubo algo entre Gerónimo y tú? ¿Acaso él es el padre de Paula?
-¿Cómo lo sabes?
-Lo sé todo, Xiomara. Sé que ese chico es el verdadero padre de nuestra hija.
-Entonces, si lo sabías, ¿Por qué callaste?
-Porque aprendí a querer mucho a Paula, aún cuando no lleve mi sangre, y porque, cada día que pasa, más te quiero. Te amo, Xiomara, no sabes cuánto te amo, y mi amor, lo perdona todo.
El la llena de besos en su cuello, su boca, su cuerpo. Ella cede a sus encantos y se entregan nuevamente a la pasión.

(* Serena y Gerónimo *)

Finalmente, llega el día de la boda, en la Iglesia de San Bernardo, auspiciada por el padre Juan, el párroco del barrio. Alli han asistido los invitados, entre ellos, están Rodrigo y Valentin, Emma y Octavio, junto con Luz y Benjamín. Renzo ha ido con Xiomara, quién le pide que se calme para no armar un escándalo. Gerónimo que espera a la novia en el altar. También, han ido Ursula y Deianne, propietarias de la exitosa discoteca "Nefertiti´s".

(* Padre Juan *)

En ese momento, suena el organo entonando la marcha nupcial de Mendelssoh, para hacer paso de la entrada de la novia, vestida con un vestido con encajes, aproximándose al altar donde la espera el amor de su vida.

-Queridos hermanos, estamos aquí para celebrar la unión entre este hombre con esta mujer, que unen sus almas en unión eterna, jurándose amor, respeto y tolerancia. Porque eso es el amor. El amor es respeto hacia nuestros semejantes, tolerar y respetar sus valores y preferencias, sin discriminacion alguna, aceptándonos tal como somos.

Rodrigo y Valentín se miran a los ojos. Xiomara sigue enojada pero, Renzo la calma con un beso. Emma y Octavio se miran y se besan. Serena y Gerónimo intercambian miradas.
-Tú, Gerónimo Salvatierra, aceptas a Serena Altair Márquez, como tu legítima esposa, amarla y respetarla, hasta que la muerte los separe.
Xiomara quiere decir algo, pero, Renzo la controla.
-Sí, acepto.-, dice Gerónimo, con voz firme.
-Tú, Serena Altair Márquez, aceptas a Gerónimo Salvatierra, como tu legítimo esposo, amarlo y respetarlo, hasta que la muerte los separe.
-Sí, acepto.
-Entonces, por los poderes designados de la ley del Señor, los declaro, marido y mujer. Puede besar a la novia.
Gerónimo besa suavemente a su amada. Todos celebran la boda.

Rato después, los invitados son llevados a un salón alquilado para la Recepción, amenizado por los grupos musicales "Frenchifornia" y los "Polvo Macizo."

(* Polvo Macizo, grupo musical *)

Mientras, Paula, ya toda una señorita, ayuda a los demás a servir la comida, pero, trata de tropezarse, pero, Gerónimo la contiene.
-Gracias, Don Gerónimo.
-No te preocupes, Paulita. Anda a conversar con Luz y Benjamín que yo sirvo la comida a los invitados.

En ese momento, viene Xiomara…

(* Xiomara *)

-¡Qué bien, Gerónimo! ¡Un padre ayudando a su hijita!-, dice Xiomara, con sorna.
-Por favor, Xiomara, no me arruines la boda. Aún no comprendo porque veniste aquí.
-Vinimos invitos por tu querida Serena, ¿No te acuerdas que ella trabaja con nosotros?
-Si, claro.
En ese momento, viene Serena…
-Hola Serena, felicitaciones, por tu boda. Gerónimo y tú hacen una linda pareja.
-Gracias, Xiomara.-, ella responde a la defensiva.
-¡Ay, qué grande y linda se ha puesto Paula! ¡Es el vivo retrato de… ejem… su padre!-, dice Xiomara, mirando de reojo a Gerónimo. Pero, en ese momento, viene Renzo, el esposo de Xiomara…
-¡Xiomara! ¡Qué estás haciendo aquí!-, exclama Renzo.
-Ay, querido, solo estaba felicitando a esta pareja por su boda.-, dice Xiomara.
-Bueno, Serena, felicitaciones. Espero que seas muy feliz al lado de tu esposo.-, dice Renzo.
-De nada, Don Renzo. Me alegra que usted haya venido.
-Yo también. Bueno, Serena, tenemos que irnos. Se está haciendo tarde.-, dice Renzo, empujando a Xiomara.
-Si, claro. Gracias por venir, nuevamente.-, dice Serena, abrazando a su esposo.
Renzo le da un beso a Xiomara y se retiran de la fiesta.

(* Serena y Gerónimo *)

Serena y Gerónimo se abrazan…
-¿Qué tanto hablabas con Xiomara?-, dice Serena.
-Nada, por supuesto. ¿Por qué lo preguntas? No me digas que estás celosa. Entre Xiomara y yo no pasa nada. Nunca lo hubo. Tú sabes que tú eres el único amor de mi vida. Te amo.-, responde Gerónimo.
-Qué lindas palabras me dices, mi amor. Yo también te amo.
Los dos vuelven a besarse. Pero, son interrumpidos, por Emma y Don Octavio.

(* Emma y Octavio *)

-Felicitaciones por la boda, Serena.-, dice Emma, tomada de la mano de Don Octavio.
-Gracias, Emma. Yo también me alegro que hayas venido a la boda.-, dice Serena.
-Felicitaciones, Gerónimo. Y cuida mucho a Serena, esta chica podrá ser un desastre, pero, es muy buena muchacha. Cuidala mucho.-, dice Don Octavio.
-Lo haré.-, dice Gerónimo.
Octavio y Emma se retiran para servirse más canapés.

Rato después, le avisan a Serena que es hora de tirar el bouquet. Entonces, Emma junto con las chicas solteras, a la que se suma con Rodrigo, se alinean detrás de la novia. Serena lanza el bouquet por detrás y… lo recibe Rodrigo.

(* Rodrigo *)

Todos lo aplauden. El, contento, va a abrazar a Valentín. Se reanuda la fiesta.

(* Frenchifornia, grupo musical *)

La orquesta vuelve a amenizar la velada.
“Y ahora con ustedes, vamos a cantar un tema de la Onda Vaselina, con ustedes: Me gustan los dos.” Y entona el tema “Me gustan los dos”. Serena mira con ternura a Valentín.

(* Valentín y Rodrigo *)

-¿Te molestaría bailar esta pieza conmigo?-, dice Serena.
-¿En serio? Pero, ¿Qué dirá Gerónimo? Además, no creo que a Rodrigo le guste la idea. El es celoso.-, dice Valentín.
-A Gerónimo no le va a molestar que baile contigo. ¿Y por qué no le preguntas a Rodrigo?
Rodrigo hace un gesto de aprobación. Entonces, Serena y Valentín salen a la sala de baile y comienzan a bailar al compás de la contagiosa melodía. En ese momento, Gerónimo se acerca a Rodrigo.
-¡Rodrigo! ¿Quieres bailar esta pieza conmigo?-, dice Gerónimo.
-¿En serio? ¿Me lo estás pidiendo a mí?-, dice Rodrigo.
-Si, claro. ¿A quién más? ¿Cuántos Rodrigos hay en este fiesta?-, dice Gerónimo.
Entonces, guardando las distancias, Gerónimo baila con Rodrigo la pieza, mientras las guapas chicas de "Frenchifornia" entonan la canción, en ese momento, se hace un "Flashback", recuento, mostrando escenas en la vida entre Serena, Gerónimo y Valentín)





"Si fuese la historia tipica/ que vemos en los triangulos/ por mucho que hubiera quimica/ seria un amor relampago/ Pero es todo tan complicado/ que si no me salva un milagro/ acabare mordiendo fango yo tambien."

"Bailabamos era sabado/ con besos de amor canibales/ y aquellos ojos de antilopes/ radiando mensajes barbaros/ Me ponian igual que a una moto/ dije que iba a buscar algo al bolso y me clave."

"(R) ME GUSTAN LOS DOS, ODIO PASAR POR COBARDE/ Y NO HAY QUIEN ME SALVE POR HOY/ ME GUSTAN LOS DOS, UN SOBRE SALTO CONSTANTE/ DEVUELVE MI SANGRE SEOR/ Me gustan los dos y con los ando.."


Nuevamente, hay cambio de parejas. Serena baila con Gerónimo mientras que Rodrigo baila con Valentín. Valentín intercambia sonrisas con Serena pero, Rodrigo le voltea la cara…
-¡No, Valentín, tú no miras a nadie más que a mí!-, exclama Rodrigo.
-Si, claro, Rodrigo. Te quiero.-, dice Valentín, riéndose, pero, a sus espaldas, vuelve a reirse con Serena. Y ella vuelve a mirar, enamorada a su novio.

(* Valentin *)

Después de la recepción, todos se han ido, Serena abre los regalos de boda. Valentín está a su lado….
-Abrelo, ese es mi regalo.-, dice Valentín.
Ella lo abre y encuentra un ejemplar del nuevo libro de Valentín, firmado por el autor. Ella mira la dedicatoria:

“Para mi hermana y mejor amiga, Serena Altair Márquez, la señorita del desastre, que cambió mi vida para siempre.”

-Gracias, Valentín. Es precioso.-, dice Serena, con los ojos llorosos de la emoción.
-Te mereces esto y mucho más Serena. Que Dios te bendiga y nunca cambies.-, dice Valentín.
Ella lo abraza fuertemente y él le da un beso en la frente. En ese momento, Gerónimo llama a Serena…
-Vamos, te está esperando tu esposo.-, dice Valentín.
Serena acude al llamado de su esposo y ambos toman de la mano. Valentín mira dichosos a la feliz pareja, mientras ellos se pierden en el horizonte.

FIN


AUTORES: Ursula (Nefertiti), Deianne, y Renzo

ELENCO:

SERENA... ALTAIR JARABO
GERONIMO... JOSE RON
VALENTIN... IMANOL LANDETA

Rodrigo... Rupert Grint
Marcia... Marcia George
Don Octavio... Octavi Pujades
Xiomara... Jery Sandoval
Emma Pirovani... Natasha Dupeyrón
Luz, hija de Valentin... Daniela Aedo
Benjamin, hijo de Valentin... Andrés Márquez
Scarlett... Natalie Portman
Padre Juan... Rafael Rojas

***Participaciones espaciales: "Polvo Macizo" y "Frenchifornia"***

CAPITULO 23, ESCRITO POR: DEIANNE

CAPITULO 23, ESCRITO POR: DEIANNE

(* Serena y Gerónimo *)

Serena empujó a Gerónimo y le dio una cachetada ante la vista de los dos niños y Xiomara.
-¡Nunca más te acerques a mí, Gerónimo!-Luego de esto se dio media vuelta y se fue.
A partir de ese día, Serena no volvió a llevar a Paula, la niñita que cuidaba a aquel parque.

El tiempo pasó y la pequeña se convirtió en una señorita, tan desastrosa y torpe como su niñera. Serena adoraba a Paula, sentía como si fuera una hija propia.
Una tarde mientras ella arreglaba el desorden que Paula había dejado en su habitación, sonó el teléfono.
-¿Si?-Preguntó ella.
-Hablamos del colegio de Paula Chois, ¿Es usted su tutora?
-Lo soy ¿Qué ha sucedido?-Preguntó preocupada.
-Si pudiera venir ahora mismo, se lo contamos personalmente, no es un asunto que pueda tratarse por teléfono.
-¡Claro, ahora mismo estoy haya!
Media hora más tarde, Serena entró en la oficina de la directora, y se sorprendió en demasía al ver sentado a Gerónimo Salvatierra junto a un adolescente parecido a Valentín.
Paula, de diez años, la miró entre avergonzada y arrepentida.
-¿Qué sucedió?-Preguntó mientras se sentaba junto a Paula. Intentaba evitar la mirada de Gerónimo todo lo que fuera posible. Le daba curiosidad ese niño, era tan parecido a ese mejor amigo que hacía tiempo ya, no veía.
-Pues esa señorita-Dijo Gerónimo con una gran sonrisa divertida en su rostro-Ha roto frente a mi ahijado Benjamín una carta de amor que él le hizo con mucho cariño. Luego le llamo flacuchento feo y al intentar empujarlo se resbalo y cayo sobre él.
-Oh-La palabra destino empezó a tomar forma en la mente de Serena. ¿Cómo podían haber sucedido tantas casualidades?, aquello estaba ocurriendo por algo. Aquel niño era el hijo de Valentín, y Gerónimo era su padrino. ¿Por qué?
-¿Qué dice señora?-Le preguntó la directora.
-Pues que Paula debe pedir perdón porque luego se arrepentirá de lo que hizo-Se apresuró a decir Gerónimo.
-Él tiene razón-Contestó Serena.
La bella Paula se levantó de su asiento y le tendió la mano a Benjamín.
-Si lo dice Serena, de verdad lo siento, Benjamín. Por haberte tratado como lo hice.
-Claro que te perdono-Dijo él niño con timidez.
Entonces Gerónimo se levantó y estrechó la mano de Serena. Ella sintió como un papelito se depositaba en su palma.
-Ya que esta todo solucionado debo irme, es mejor que estos dos regresen a clases-Y luego se fue.
Una vez fuera del colegio leyó lo que decía el papelito:
“En el parqué cuando salgas”.

Ella empezó a correr con todas sus fuerzas y cuando llegó, en medio de un parque desierto la esperaba Gerónimo. No lo pensó dos veces, porque era el destino, nunca lo dejó de amar, nunca lo dejaría de amar. Ellos debían estar juntos, la vida se lo demostró.
Corrió hacía él y lo besó con ardor. Como nunca antes en la historia de su romance lo había hecho. Luego todo se difumino. No recordaba como habían llegado hasta la cama de una habitación oscura, ambos estaban embriagados de besos y amor.
Se suponía que había dicho que nunca más querría volver a verlo.. Pero allí estaba de todas formas: Debajo de él, dejando que la acariciara y besara por dónde quisiera…Y sólo había una explicación lógica para eso…

La rubia gimió inesperadamente, cuando Gerónimo rompió el beso con un movimiento brusco, y hundió la cabeza en su cuello, trazando un camino desde la clavícula hasta el lóbulo de su oreja. Inconscientemente, Serena se mordió los labios ya un poco hinchados por sus besos, y lo tomó por la nuca, animándolo a seguir.
El chico separó sus labios de su lóbulo y acercó su cara a la de ella, para observarla detenidamente: Las pálidas mejillas sonrojadas, el color marrón de sus ojos oscurecido debido a la excitación que comenzaba a sentir, su respirar agitado que hacía que su pecho subiera y bajara repetidamente, rozando su torso con insistencia. Gerónimo cerró los ojos, disfrutando de la fricción.
Gerónimo colocó una mano en su cintura para apegarla más a él, y con la otra comenzó a acariciar y delinear suavemente el camino de la base de su espalda hasta cu cuello, enviando agradables escalofríos por todo su cuerpo. Serena, casi por reflejo se apegó más a él, permitiéndole notar como cada parte de su cuerpo se había tensado ante sus caricias. Gerónimo ahogó un gemido en su garganta cuando sintió sus erguidos pezones, traspasando la tela y oprimiéndose contra su pecho.
La rubia pasó sus brazos por el cuello de su compañero, mientras jugaba insistentemente con el cuello de su camisa. El Salvatierra captando lo que quería, se separó de ella por un segundo y se quitó la innecesaria prenda, arrojándola al suelo. La rubia se mordió el labio inferior ante la imagen de su fuerte torso al descubierto, y no pudo ocultar un sonrojo.
Gerónimo alzó una ceja, sorprendido ante el repentino pudor por parte de la chica, pero cuando esta se bajó el cierre de su ropa hasta el pecho, mostrando un muy sugerente escote, se tragó sus palabras.
Lentamente (demasiado para su gusto), la rubia bajó el cierre por completo y se quitó la blusa, revelando una cintura estrecha, un abdomen plano y unos pechos firmes y agraciados, cubiertos tan sólo por un lindo -y extremadamente sexy- sujetador negro, que servía como tortura mental para el pobre chico de veintitantos años.
Gerónimo sintió su boca repentinamente seca. No era la primera vez que la veía con tan poca ropa (Un flash de cierto día en la casa de Valentín cruzó por su mente), pero verla as í Tan… Tan… Dispuesta.
Y sólo para ÉL
Por la mirada y el leve sonrojo de Serena, notó como su potente erección se hacía evidente dentro de sus pantalones.
-Te eche tanto de menos- le susurró al oído mientras mordisqueaba su lóbulo. Entrecerró los ojos y se lamió los labios inconscientemente. Gerónimo observó ese detalle y no soporto más. No podía, ya había pasado el límite.
Comenzó a acariciar sus hombros suavemente, bajando y posando las manos en su pequeña cintura y comenzando a subir de nuevo. Serena gimió dentro de su boca, cuando sintió las manos del chico sobre en sus pechos, acariciándolos y masajeándolos por encima de la fina tela del sostén. Gerónimo notó como el cuerpo de ella comenzaba a reaccionar por su tacto, y como dos pequeños bultos comenzaban a endurecerse bajo sus dedos. La rubia pasó una pierna por la cintura del moreno, quien la sujetó y acarició sus suaves muslos por debajo de su corta falda.
Llevó sus manos hasta su espalda, buscando el broche del sujetador, y una vez que lo desprendió, lo quitó rápidamente. Gerónimo no puso la más mínima atención en donde termino el sostén, ya que estaba demasiado pendiente de lo que tenía frente a sus ojos. Otra vez sintió como su boca se secaba.
Eran simplemente perfectos. Firmes, redondeados, con un tamaño ideal que perfectamente podrían caber en sus manos. Era igual que en sus fantasías.
No…
Eran aún mejor.

Serena se sintió incómoda ante la mirada tan descarada de Gerónimo sobre su cuerpo, pero este pareció salir de su trance, e inclinándose hacia ella la besó nuevamente. Serena llevó las manos hasta su cabeza y comenzó a jugar con su pelo. El Salvatierra descendió hasta su cuello, mientras que con una mano apoyaba su peso y con la otra masajeaba sus pechos. La Rubia gimió con fuerza cuando los labios del chico ocuparon el lugar de su mano, e inclinando la cabeza hacia atrás, atrajo a Gerónimo por la nuca y lo animó a continuar.
Él sonrió altivamente entre sus pechos y siguió besando y lamiendo cada trozo de piel que estuviera a su alcance.
El dolor de la erección ya era insoportable, así que con un rápido movimiento se abrió los pantalones, mientras la rubia se sujetaba clavando las uñas en sus hombros. Gerónimo alzó la vista y sus ojos se encontraron, igual de lagrimosos y enrojecidos.
El moreno iba a preguntarle si quería que continuaran (Aunque realmente dudaba que pudiera detenerse ahora), pero Serena no lo dejó hablar, ahora ella inclinándose hacia él para besarlo, tomando la iniciativa. Gerónimo sonrió contra sus labios, mientras que su mano subía por una de sus blancas piernas, rozando insistentemente el borde de su ropa interior y adentrándose en ella, inesperadamente.
Serena gimió cuando sintió sus dedos en su intimidad. Enterró las uñas en su espalda con más fuerza que antes, cuando el chico comenzó a moverse dentro de ella, con diferentes ritmos e intensidad, haciéndola llegar rápidamente. Arqueó la espalda cuando sintió que ya estaba cerca del clímax. Gerónimo también lo notó y aumentó la velocidad para hacerla llegar más rápido.
Gritando su nombre, se sujetó de sus hombros, mientras sus tensos músculos se relajaban y su respiración se calmaba.
Es tan hermosa, pensó el Salvatierra, mientras se cercioraba de que no había quedado sordo después de su grito. Apartó su mano de ella, lamiéndola lentamente, mientras se fijaba en la forma en que fruncía el ceño y como abría la boca para recuperar el aire.
El solo hecho de pensar que había sido él quien le había provocado todo eso, derrumbó cualquier barrera de autocontrol que había podido sostener hasta ese momento. Casi con desesperación, levantó su corta falda para que no le estorbara y acercó su miembro hasta la húmeda entrada de ella. Serena arañó fuertemente su espalda al sentirlo dentro de ella tan súbitamente, y su grito fue ahogado por la boca de Gerónimo sobre la suya.
Su cuerpo se acomodó rápidamente al suyo, siguiendo el mismo ritmo que él. Otro gemido fue ahogado cuando el chico comenzó a moverse más rápido, frotándose contra su cadera para amoldarse aún más en ella.
Serena rápidamente perdió la noción del tiempo. Ella comenzó a gemir nuevamente el nombre de su amado entre cada violenta embestida y él no tardo mucho tiempo en hacer lo mismo.
Serena se mordió los labios fuertemente cuando sintió que su segundo orgasmo se acercaba rápidamente, y arqueando la espalda hacia él, acercó sus labios a los del chico. Súbitamente sintió como su cuerpo se tensaba ante un fuerte espasmo, que se expandió por todo su cuerpo. Casi al mismo tiempo, Gerónimo se vino también, enterrando la cabeza entre su hombro y cuello, embriagado por la misma sensación de placer que ella.
Pasaron unos instantes en silencio
Eso fue… Intenso, pensaron los dos al mismo tiempo, jadeando aún, y buscándose con la mirada.

CONTINUARA...

CAPITULO 22, ESCRITO POR: RENZO

CAPITULO 22, ESCRITO POR: RENZO


ACTUACION ESPECIAL: RENZOCH (Foronovelista) como Renzo, esposo de Xiomara

(* Xiomara *)

Han pasado cuatro años, Xiomara ha contraído matrimonio con Renzo, un playboy norteamericano, donde ambos tienen una niña, Paula.
-Oh, Xiomara, qué bella eres… cuánto te deseo, te idolatro-, jadea Renzo, llenando de besos y caricias al cuerpo desnudo de la bella mujer.
-Oh… oh… te amo, Renzo… eres lo mejor que ha pasado en mi vida…-, jadea la bella Xiomara.
En ese momento, suena el timbre.
-¿Quién osa interrumpir este bello momento?-, pregunta Renzo, enojado.
-¡Debe ser la niñera que me recomendaron en la agencia!
-¿Contrataste una niñera? ¡No puedo creerlo!
-Disculpa por no decirte antes, pero, conseguí un trabajo como Anfitriona en un Restaurante.
-¿Conseguiste un trabajo? ¿Para qué? Si yo puedo darte todo lo que necesitas.
-Es que quiero ser útil. Es por eso.
-Pienso que estás cometiendo un error... ¿Vas a dejar a tu hija en manos de una extraña?
-Asi es, mi amor. Pero, no te preocupes, no va a pasar nada.
Entonces, Xiomara abre la puerta. Es Serena, vistiendo una atrevida minifalda, y una blusa escotada que exhibe sus atrevidas curvas.

Xiomara reconoce a Serena.
-Dime, ¿Qué estás haciendo aquí?-, exclama Xiomara, indignada.
-¿Xiomara? Pues… yo… yo… vengo recomendada por la agencia de empleo, para el puesto de niñera.-, exclama Serena, asustada.
En ese momento, viene Renzo. El está excitado al ver a Serena, y su esbelta figura, que tiene los más desgarradores deseos al verla.
-¡Uau! ¿Tú eres la nueva niñera! ¡Estás contratada!-, exclama Renzo.
-¿Vas a poner a nuestra hija en manos de esta “zorra”?-, exclama Xiomara.
-¡Por favor, guarda tus palabras! ¡Yo no soy ninguna zorra!-, exclama Serena.
-Yo no le veo nada de malo de contratar a esta ricura como niñera.-, dice Renzo.
-¡No! ¡Yo no voy a poner a mi hija en manos de esta tipa!-, dice Xiomara.
-Si no quieren contratarme, pues, no importa.-, dice Serena.
-Para nada. Estás contratada. Y puedes empezar ahora mismo.-, dice Renzo.
Renzo mira a Serena con fascinación. Ella sonríe. Xiomara explota de la ira.

(* Serena *)

Así, aprovechando que Renzo ha ido a recibir una llamada telefónica, Serena entabla una conversación a solar con Xiomara.
-¿Cómo está Gerónimo?-, pregunta Xiomara, con ironía.
-Supongo que bien.-, responde Serena.
-¿Por qué? ¿Ya no están juntos?
-Prefiero no hablar de ese tema. No me digas que, ¿Sigues interesada en Gerónimo?
-No. Yo solo preguntaba. La verdad, ya no me interesa. Ahora soy feliz. Estoy casada con un hombre maravilloso y tenemos una preciosa niña, fruto de nuestro gran amor.
-Pues, bien, te felicito. Tu marido parece ser muy buena persona.
-¡Es el mejor! ¡Me complace en todos mis caprichitos!
Serena sonría. Así, la bella Serena se convierte en la nueva niñera de la hija de la exuberante Xiomara.

Así, todos los días, Serena acude a casa de Xiomara para cuidar la pequeña niña. Y se la lleva al parque para que juegue con otros niños de su edad. Por su parte, Xiomara sigue besándose apasionadamente con Renzo, su marido.
-¿Y la niña?-, pregunta Renzo.
-Está con la nueva niñera. Han ido al parque juntas. Pero, no hablemos de ella, mejor, dejemos llevar por la pasión.-, responde Xiomara, mientras lo besa con desmedida pasión.
-Oh, Xiomara, como te amo.-, responde Renzo, mientras la llena de besos.

(* Serena y Gerónimo *)

De vuelta al parque, Serena mira a la niña, como juega con los demás niños. En ese momento, se escucha una voz de hombre que llama a Serena. Es Gerónimo…
-Hola Serena, ¿Cómo has estado?-, pregunta Gerónimo.
-¿Gerónimo? ¿Qué estás haciendo aquí?-, dice Serena, asustada.
-Estoy cuidando a mi ahijado. ¿Te acuerdas de él?
-Si, claro. ¡Qué grande está! ¡Como ha pasado el tiempo!
-¿Y tú? ¿Qué estás haciendo aquí?
En ese momento, viene la niña… Gerónimo se sorprende al verla.
-¡Serena, cómprame un helado!-, dice la niña.
-¿Y esa niña? No me digas que tú…-, pregunta Gerónimo, con estupor.
-No es lo que estás pensando… yo trabajo como niñera.
-¿Estás trabajando como niñera? Pero, ¿Por qué?
-Es sencillo. Necesito trabajar para subsistir.
-No necesitas trabajar. Me necesitas a mi. Te amo, Serena.
-Por favor, Gerónimo, no empecemos. Nos están mirando los niños.
-Tienes razón.-, dice Gerónimo.
-¡Oigan! ¿Y mi helado?-, dice la niña.
-Permiso, Gerónimo, tengo que comprarle un helado a la niña.
-Te acompaño. Mi ahijado también quiere helado.
Entonces, Gerónimo y Serena, junto con los niños, se dirigen a la heladería para comprar los helados. Los niños se saborean juntos, sus copas de helado, mientras Serena y Gerónimo intercambian miradas.

Rato después, después de despedirse de Gerónimo y su ahijado, Serena y la niña regresan a casa, donde los está esperando Xiomara…
-Hola, ¿Qué han hecho esta tarde?-, le dice Xiomara a su hija.
-¡Hola! ¡Serena me llevó al parque y se encontró con un amigo suyo!-, dice la niña.
-¿Un amigo suyo?-, dice Xiomara, con estupor.
-Si, un amigo de Serena. Vino con un niño que dice ser su ahijado y nos invitaron a tomar helados.
-¡Ejem!-, interviene Serena, nerviosa, -¿Por qué mejor no te vas a lavarte las manos?
La niña se retira.

Xiomara habla a solas con Serena…
-Dime, Serena, ¿Quién es ese amigo tuyo que estaba con ustedes?
-No es nada importante. Bueno, permiso, me voy. Salúdame a la niña y tu esposo.
Serena se retira.

Pero, Xiomara está inquieta y entabla una conversación con la pequeña…
-Dime, ¿Cómo se llamaba el amigo de Serena?-, pregunta Xiomara.
-¡Se llamaba Gerónimo!
Entonces, Xiomara siente una fuerte impresión en su pecho. Sabe que Gerónimo está muy cerca de allí. Y de solo pensar lo cerca que está Gerónimo, ya ha perdido interés en seguir haciendo el amor con su marido. Solo piensa en Gerónimo.

Días después, Xiomara decide no llamar a Serena para que cuide a la niña, y en su lugar, se dirige con la niña al parque. Gerónimo llega allí con su sobrino, pensando que se iba a encontrar con Serena… pero, para su sorpresa, allí estaba Xiomara.
-Hola Gerónimo, ¿No estás contenta de verme?
-¿Xiomara? ¿Qué estás haciendo allí con la niña que cuida Serena?
-¿Cómo? ¿Serena no te ha dicho nada? ¡Esta niña es mi hija… nuestra hija!
-¿Nuestra hija? ¿De qué estás hablando?
-¿No te acuerdas de esa noche de pasión que tuvimos los dos? Esa niña es el fruto del gran amor que tuvimos los dos.
-No, esto es una broma, ¿No es así?
-Piensa lo que quieras. Pero, esta niña es tu hija. Y juntos podemos ser felices.-, la bella mujer, comienza a desabotonarle las camisas, mientras le dá un beso apasionado en la boca. A lo lejos, aparece Serena quién se impacta al ver a Gerónimo, besándose con Xiomara. Gerónimo mira a Serena y, entonces, empuja fuertemente a Xiomara…
-Oye, ¿Qué te pasa, Gerónimo?-, exclama Xiomara.
-Dejame en paz, Xiomara. Yo no te amo. Yo amo a Serena.-, dice Gerónimo, quién corre tras Serena.

Finalmente, Gerónimo le da alcance a Serena…
-Serena, por favor, no es lo que estás pensando.-, dice Gerónimo.
-Si, claro. Es lógico que todavía sientes algo por Xiomara, pero, déjame decirte que ella es una mujer casada.-, responde Serena.
-No, Serena. Ella fue la que me besó. Yo no la amo, Serena. Yo te amo a ti.
-No se si deba creerte.
-¿Esto responde a tu duda?
Entonces, él la toma fuertemente de sus ropas y la llena de besos y caricias a su amada. Ella le responde el beso. Ambos se besan, dando rienda suelta a su amor.

CONTINUARA...

CAPITULO 21, ESCRITO POR: RENZO

CAPITULO 21, ESCRITO POR: RENZO


(* Serena y sus galanes *)

Esa noche, Gerónimo, dolido por su discusión con Serena, decide ir a un bar para desahogar sus penas. Triste, se sienta en la barra donde pide un vaso de whiskey en las rocas, y se lo toma todo de un sorbo, y vuelve a pedir otro vaso y otro y otro, hasta emborracharse.

Por su parte, la exuberante Xiomara reconoce a Gerónimo. A pesar de todo, ella lo sigue amando

y, aprovechando que está en copas, se sienta a su lado para seducirlo.
-Hola guapo, ¿Qué estás haciendo aquí solito?-, pregunta la bella mujer.
-Hola Xiomara.-, él responde, ya embriagado.
-¿Te pasa algo, guapo? Vamos, ánimate, hay que vivir la vida y pasarla rico.-, ella le da besos en el cuello y, discretamente, le desabotona la camisa, y entre copas y caricias, la bella Xiomara se va envolviendo en un juego de pasión. Xiomara lo llena de besos en el cuello, en la boca, mientras que él cierra los ojos y jadea: “Serena… Serena.” La exuberante mujer sigue enredándolo en su pasión.

Al día siguiente, él se despierta, confundido, en la cama de una habitación extraña…
-¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo aquí?-, exclama Gerónimo.
De repente, se sorprende al ver a Xiomara, acostada a su lado, completamente desnuda…
-¿Xiomara? ¿Qué estás haciendo aquí?-, dice Gerónimo.
-Mi amor, ayer tuvimos una noche maravillosa. Me dijiste que te amaba.-, dice Xiomara.
-¿Qué estás diciendo?
-Que ayer nos entregamos plenamente a la pasión y el deseo.
-¡Pero, yo no te amo, Xiomara…!
-Eso fue lo que me dijiste anoche, cuando hacíamos el amor.
-No, lo nuestro no puede ser, Xiomara, lo siento. Pero, realmente, lo siento.
Ella lo sujeta con todas sus fuerzas, pero, el logra zafarla rapidamente y la empuja fuertemente contra la pared. El comienza a desesperarse. Ella reacciona indignada.
-Xiomara… discúlpame… por favor, discúlpame… no fue mi intención hacerte daño… pero, compréndelo. Yo no te amo.
-¡Retírate, por favor!-, exclama Xiomara.
-Tienes razón. Adiós, Xiomara.
-Adiós, Gerónimo.
El se retira de su presencia. Entonces, ella llama por telefóno al salón de belleza para hablar con Don Octavio. Pero, Marcia contesta el teléfono y le responde, furiosa, que no está y cuelga el telefono. Xiomara, entonces, sola y desamparada, decide irse lejos para reiniciar una nueva vida.

(* Marcia *)

Han pasado varios años, Gerónimo va al Salón de Belleza a buscar a Serena, pero, se encuentra con Marcia…
-Hola, guapo, ¿Cómo estás? ¿Quieres un corte de cabello?-, dice Marcia, en tono sensual.
-Hola, Marcia. Estoy buscando a Serena, ¿Ella está aquí?
-Pues, lo siento mucho, guapo, pero, tu adorada “zorrita” ya no trabaja aquí. Pero, no te preocupes, que yo estoy dispuesta a darte todo lo que necesites.
-¡Te repito, Marcia, que no vuelvas a llamar “zorra” a Serena!
-¡Está bien, está bien, pero, no te sulfures! Más bien, ¿Qué te parece si hoy salimos a una discoteca que acabaron de inargurar hace poco?
-Marcia… yo…
-No te preocupes, lo entiendo. Sé que nunca vas a amar a otra que no sea esa… ejem… Serena. Lo decía, sin compromiso alguno, solo como amigos, ¿Qué dices?
-Está bien.
Marcia lo mira a Gerónimo con ojos de desbordante pasión.

(* Emma *)

Mientras tanto, Scarlett camina por el boulevard cuando, de repente, se impacta al ver a Emma…
-¿Emma? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No deberías estar en la clínica?
-He regresado, Scarlett. Y quiero ver a mis hijos.
-Ha pasado mucho tiempo. Ellos, quizás, ya no te reconozcan.
-No importa, igual, seguiré ganándome, nuevamente, por mi cariño. Quiero verlos.
-¿Estás seguro que ya estás recuperada? ¿Y si te da una recaída?
-No, estoy bien. Acabo de ver la vida desde otra perspectiva, conocí a un hombre maravilloso, y lo único que quiero es recuperar la custodia de mis hijos. ¿Dónde están?
-Ellos… ejem… están…
En ese momento, vienen Luz y Benjamín, ya convertidos en unos adolescentes, y de repente, al ver nuevamente a Emma, su madre, guiados por su instinto maternal, corren a abrazarla. Emma abraza fuertemente a sus hijos, mientras le da un beso en la frente. Scarlett mira con rabia aquella enternecedora escena…
-¡Luz! ¡Benjamin! ¡Ya vámonos! ¡Se está haciendo tarde!-, exclama, con voz de mando.
-¡Tía Scarlett! ¡Queremos estar con nuestra madre!-, exclaman Luz y Benjamín.
-¡Vamonos de aquí!-, exclama Scarlett.
-Vamos, Scarlett, déjame estar un rato con mis hijos.-, dice Emma.
Pero, Scarlett no hace caso y le jala un brazo a Luz y Benjamín y los retira de la presencia de Emma. Pero, Emma se siente más aliviada al saber que sus hijos todavía la quieren.

(* Gerónimo *)

Esa noche, Gerónimo se prepara para su cita con Marcia, cuando de repente, piensa en Serena, y dice para sí mismo…
-Lo siento, Marcia, pero, no puedo hacerle esto a Serena. A pesar de todo, yo la amo. Oh, Serena, ¿Dónde estarás? ¿Qué estarás haciendo en este momento? Entonces, él decide no ir a la cita.

Mientras al mismo tiempo, en la discoteca “Nefertiti´s”, Marcia espera insistentemente en la barra, del cual, no llega y comienza a preocuparse, y fuma un cigarrillo. A su lado, está Scarlett…
-¿Te pasa algo?-, pregunta Scarlett.
-Estoy esperando a mi cita, pero, no ha llegado todavía.
-¿Te ha dejado plantada, no es así?
-No, debió haber pasado una emergencia… pero, él no es así. ¿Qué le habrá pasado?
En ese momento, se apagan las luces, comienza el show de la noche… el anunciador presenta a la gran atracción de la noche, Deianne, una talentosa cantante argentina, que deleita a todos con su carisma y sensualidad. “Esta canción es dedicada a ustedes, querido público, es un gran éxito de Katy Perry…” En ese momento, la contagiosa melodía invade la mante de Scarlett y Marcia…
-¡Esa cantante es genial, tengo todos sus discos!-, exclama Marcia.
-¿En serio? ¡Yo nunca la he visto en mi vida!
Así, poco a poco, invadidos por la música, el trago, Marcia y Scarlett se dejan llevar por sus impulsos, y siguen disfrutando de una inolvidable velada. Al día siguiente, las dos amanecen, desnudas, abrazas en una cama.

(* Rodrigo *)

Mientras, Rodrigo está postrado al frente de la entrada del salón de belleza, cuando de repente, aparece Serena…
-¡Serena! ¿Cómo estás? ¡Tiempo que no te veía!
-Hola Rodrigo, estoy bien, ¿Y tú?
-Pues, no me puede ir mejor.
-¿Cómo está Valentín? Hace tiempo que no sé nada de él.
-Valentín y yo estamos muy bien. Cada vez, estamos muy enamorados.
-Me alegra escuchar esto. ¿Y como va todo en el salón de belleza?
-Pues, desde que Marcia se ha hecho cargo del salón de belleza, ya la cosa no es lo mismo. Imagínate, ya son las 8 de la noche, y ella no está aquí. Lo peor es que ella es la única que tiene llave.
En ese momento, vienen Don Octavio, abrazando a Emma. Octavio mira a Serena. Ella sonríe.
-Hola Serena, ¿Qué estás haciendo aquí?-, dice Octavio.
-Estoy bien. Pasaba por aquí cerca, y me encontré con Rodrigo.-, responde la bella Serena.
-Quiero presentarte a Emma, mi pareja.-, dice Octavio, mostrando a Emma.
Serena y Emma estrechan las manos.
-Disculpe que los interrumpa, pero, Marcia no ha llegado y ella tiene la llave para abrir la tienda.-, dice Rodrigo.
-¿Han llamado a Marcia? ¿Ella donde está?-, dice Octavio.
-Pues, la llamé a su celular, pero, no contesta.-, dice Rodrigo.
-Yo sé donde vive. Vamos a buscarla ahora mismo.-, dice Octavio.
De repente, todos se suben al auto de Octavio y se dirigen rumbo a casa de Marcia.

(* Scarlett *)

En la pensión, Marcia y Scarlett siguen dormiendo completamente desnudas, abrazadas entre sí. En ese momento, llegan Serena y los demás y pregunta por Marcia en recepción y suben rapidamente al apartamento. Tocan el timbre con insistencia pero, no responde, entonces, intentan que forzar la puerta. Serena y Emma llaman a la administradora, que tiene las llaves de emergencia y, de inmediato, la abren. Para su asombro, ellos encuentran a Marcia y Scarlett, abrazadas, durmiendo. Emma y Rodrigo están impresionados. Marcia jadea, mientras abraza a Scarlett: “Te amo.”
-¿Scarlett? ¿Qué estás haciendo aquí?-, exclama Emma, impactada.
Scarlett despierta y de repente, se ve completamente, desnuda, al lado de Marcia. Ella se impacta.
-¿Eh? ¡No es lo que estás pensando, Emma!-, exclama Scarlett, levántandose desnuda de la cama.
Emma no la escucha y se retira de la habitación. Octavio va tras ella. Scarlett quiere ir tras Emma, pero, Rodrigo la sujeta fuertemente, para encararla.
-¡Esto es inaudito! ¡Tanto que nos criticaste a Valentín y resultaste ser…!-, exclama Rodrigo, con indignación.
-¡Suéltame, mariquita! ¡Yo no estoy hablando contigo!-, exclama Scarlett.
-¡Oye! ¡Tú no tienes ningún derecho de hablarle así a mi amigo!-, interviene Serena.
En ese momento, se despierta Marcia…
-¿Qué está pasando aquí?-, Marcia despierta, somnolienta.
-¡Lo que pasa es que, finalmente, tu amiga y tú, Marcia, mostraron su verdadera cara!-, exclama Serena.
-¡Oye! ¿De qué estás hablando “zorraltair”?-, exclama Marcia.
-¡Acabo de verte, en la cama, completamente desnuda, junto con otra mujerzuela!-, exclama Serena.
-No es lo que estás pensando, “zorraltair”…-, dice Marcia.
-Pues, todos te vimos, Marcia, tu reputación se ha ido por los suelos.-, exclama Serena.
Serena y Rodrigo se retiran del lugar. Marcia habla con Scarlett que luce desesperada.
-¿Qué está pasando aquí?-, exclama Marcia.
-No lo sé. Eso resuélvelo tú. Permiso.-, dice Scarlett, retirándose de la habitación. Marcia sigue confundida.

(* Octavio y Emma *)

Mientras, afuera del edificio, Octavio alcanza a Emma…
-Emma, ¿Qué pasó? ¿Qué sucede?
-¡Snif! ¡Ahora más que nunca tengo que recuperar a mis hijos!
-¿De qué estás hablando?
-Octavio, por favor, abrázame fuerte.
El la abraza fuertemente con todas sus fuerzas, mientras acaricia su cabello, para calmarla. El, lentamente, la besa. Ella le responde el beso y los dos se besan con desmedida pasión.


(* Emma *)

Dias después, Emma comienza un largo proceso para recuperar la tutela de sus hijos, ahora con evidencias y testigos irrefutables, del cual, Scarlett no tiene otra alternativa que ceder.

Emma, contenta, va a abrazar a sus hijos, Luz y Benjamín. Ella los abraza y besa fuertemente.
-Hijos, ya no los voy a dejar otra vez, los quiero mucho.
-¡Mami! ¡Mami! ¡Te queremos mucho!
Ella vuelve a abrazarlos. Octavio decide retirarse del lugar, pero, Emma lo diviza y le dice que se quede…
-Octavio, ¿Por qué te vas?
-Tienes que estar con tus hijos.
-¡Mami, mami! ¿Quién es ese señor?-, exclama Luz.
-Quiero presentarles a Octavio, un buen hombre.-, dice Emma.
Los niños miran temerosos a Octavio. El solo les sonríe. La pequeña Luz se acerca a darle la mano al hombre, haciendo que ambos intercambien miradas. Y él vuelve a intercambiar miradas con Emma. Los cuatro salen del juzgado, felices y contentos.

Afuera del juzgado, Emma se encuentra con Valentín. Emma deja que los hijos, guiados por un impulso, corren a abrazar a su padre. Emma se acerca a Valentín. Ella luce más resignada con su presencia…
-Hola Valentín, ¿Cómo estás?
-Hola Emma-, él responde, abrazando a sus hijos.
-Te cuento que el juez me ha dado la tutela de los hijos.-, dice Emma.
-Cuánto me alegro. Te felicito.-, dice Valentín, aunque en su mirada, hay un halo de tristeza.
-Valentín… lo he pensado muchas veces… no soy nadie para juzgar a las personas por sus preferencias sexuales… pero,creo que, a pesar de todo, has sido un buen padre con ellos… y pienso…
-¿Qué es lo que quieres decirme, Emma?-, pregunta Valentín, con dudas.
-Pienso que tienes todo mi apoyo para que puedas ver a nuestros hijos.
-¿En serio? ¿No estás bromeando?
-No, es la verdad. Tienes el derecho de visitar a mis hijos, cuantas veces quieras.
-Gracias, Emma. Gracias por todo.-, exclama Valentín, dándole un beso en la mejilla a Emma.
Emma lo mira con ternura y resignación.

(* Scarlett *)

Días después, en el aeropuerto, Scarlett camina triste, con sus maletas, cuando se encuentra con Marcia, que también llevaba una maleta…
-¿Scarlett? ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás triste?-, dice Marcia.
-¡Lo perdí todo! ¡Todo por culpa de un estúpido desliz! ¡Maldita la noche que nos conocimos!
-Pues, yo la pasé “rico” esa noche.
-¡Me voy de este pueblucho para siempre y empezar una nueva vida!
-Te acompaño, yo también, lo perdí todo. Perdí al amor de mi vida, mi reputación, así que me voy, lejos, a iniciar una nueva vida.
-Está bien, quizás, en otro lugar, podamos ser, finalmente, apreciadas.
Las dos, entonces, abordan el avión que las lleve a una nueva vida.
CONTINUARA...

CAPITULO 20, ESCRITO POR: DEIANNE

CAPITULO 20, ESCRITO POR: DEIANNE

Era de mañana, dos enfermeras cotillas observaban como una pareja caminaba por los verdes jardines del centro de salud mental. En los pasillos se rumoreaba que desde que se habían conocido, la luz había vuelto a los ojos de aquel hombre y la cordura a los actos de aquella mujer.

(* Octavio y Emma *)

Ella era una rubia muy bella, que a lo largo de su vida sufrió muchísimas heridas en su débil corazón.
Él, un hombre que construyendo su futuro, se había olvidado de vivir.
-Valentín vino a visitarme ayer ¿Sabes?-Le contó Emma mientras acariciaba una delicada amapola. Octavio la miró entre preocupado y ansioso.
-¿Qué sucedió?
Ambos siguieron caminando entre los bellos senderos de flores.
-Pues él recibió una llamada de la directora, y le contaron que mi mejoría era muy notable. Que me darían el alta muy pronto-Ella sonrió ante esa confesión y se sintió más viva que nunca al imaginar que vería a sus pequeños hijos nuevamente. Aspiro el aroma de la naturaleza y fue conciente de los latidos de su corazón. Había vuelto a nacer luego de un largo tiempo sumida en la oscuridad-Es increíble. Nunca en mi vida me sentí como ahora, soy una persona nueva.
-Wow, me alegra en el alma escucharte hablar así Emma, aun recuerdo cuando te conocí, no eras más que un animalito dolido y asustado-Le dijo pacíficamente. El sol irradiaba sobre ellos.
-Tú me devolviste la vida, Octavio-Él, ante semejante confesión se quedo callado.
Habían pasado meses ya, desde que la conoció. A partir de ahí, ni un solo día dejó de ir al centro de salud de su tío, para estar con ella. Nunca se cuestionó porque.
-Emma, aun quieres a Valentín ¿No?...
-Sí pero como el padre de mis hijos. Cuando él se caso conmigo yo lo amaba más que a nada en la vida y nuestros hijos llenaron aun más de luz nuestro matrimonio. Yo creía que todo era perfecto hasta que me contó lo de Santiago. No tuve valor de enfrentarme a lo que venía, por eso escape a Inglaterra. Siempre fui una cobarde y poco a poco, fui abandonándome. Deje de comer, de cuidar a mis niños, de arreglarme, de vivir y Scarlett se aprovecho de ello y me medico con calmantes y antidepresivos. Me manejaba como si yo fuese un robot.
Ahora no podrá más...regresaré y recuperaré a mis hijos.
-Y cuando lo hagas...
-Me gustaría que pasáramos el resto de nuestros días juntos Octavio-Le dijo ella. Emma Pirovanni siempre se había caracterizado por ser una persona directa y decidida. Él tomó sus manos y las apretó con delicadeza.
-Cuando salgas de aquí, busca a tus hijos y vente conmigo. Todo este tiempo no supe porque no podía dejar de verte ni un solo día. Siempre fui un tonto para darme cuenta de estas cosas pero ahora que me lo dices...yo también te quiero a mi lado.

(* Scarlett *)

En la casa de Valentín, Scarlett miraba jugar a los niños, de 4 y 5 años de edad. El tonto de su padre se había ido por allí con su novio mariquita y eso la llenaba de furia y repulsión. No podía ser que dos angelitos tan inocentes tuvieran un padre así de pervertido.
-Luz, Benjamín, vengan aquí-Les llamó ella.
-Si, tía Scarlett-Dijeron las dos vocecitas al mismo tiempo mientras la miraban con sus grandes ojos inocentes.
-¿Qué piensan de Rodrigo?-Preguntó ella con voz dulce mientras acariciaba el cabello de Benjamín.
-Es guay, siempre que salimos con él y papi nos compra muchos dulces-Comentó Benjamín con alegría.
-¡Sí y a mi me prometió comprarme toda una colección de barbies!
-Yo les contaré un secreto-Dijo Scarlett bajando el tono de su voz. Los niños pegaron unos brinquitos acercándose más a ella-por culpa de Rodrigo ahora su mamá no esta más con nosotros.
-¡Oh!-Dijeron los niños a la vez mientras sus ojos se oscurecían
-Si ustedes hacen lo que yo les digo, su mamita volverá con ustedes...

(* Valentín y Rodrigo *)

Valentín y Rodrigo llegaron a la casa tomados de la mano mientras reían. Ambos llevaban globos de colores y bolsas llenas de caramelos.
-¡A los niños le encantará la sorpresa!-Gritó el pelirrojo mientras los buscaba con la mirada.
-¡Si pero será la última vez que te permitiré comprarles comida chatarra que afecta sus diente, ellos tienen que comer alimentos nutritivos!...¡Mirá este desorden!-Bromeó él-Es como si Serena hubiera estado aquí.
Gritó el nombre de Scarlett y de sus hijos, pero ninguno respondió. Cuando iba a ir a buscarlos a las habitaciones, alguien tocó la puerta.
Rodrigo abrió y se encontró con dos hombres uniformados.
-¿Quién es Valentín Sánchez Vilar?-Preguntó con voz dura.
-¡Yo!-El policía le entrego una carta y una vez leída, lagrimas comenzaron a formarse en sus ojos.
-Aquí dice que quitaran la custodia de mis niños por mi sexualidad, y que se le será otorgada a Scarlett. Maldita arpía.
La impotencia lo llenó nuevamente, parecía que nunca se acabaría. Estaba siendo feliz y ya nadie lo discriminaba. Lo comprendió, era demasiado perfecto para ser verdad, su remanso de paz ya había terminado. Victima de la discriminación, una vez más.
Rodrigo se contuvo de abrazarlo frente a aquellos hombres, sería un error grande en tales condiciones.

(* Serena y Gerónimo *)

Era la mitad de la madrugada...
Serena, Gerónimo, Valentín y Rodrigo estaban sentados en la parte izquierda del jurado junto con su abogado defensor y Scarlett con los niños a la derecha. El juez entró en la sala y se hizo el silencio. Todos estaban allí hacía ya bastantes horas. Ya se habían secado las lagrimas, acallado los gritos e insultos y consumido la furia. Sólo la expectativa era tan palpable en el aire como el dolor en los ojos se Valentín.
Scarlett había puesto a sus hijos en contra de Rodrigo, y no accedían a ir con él si su novio estaba presente. No quería renunciar a Rodrigo pero por sus hijos sería capaz de eso y más.
La vida no es tan fácil, se recordó.
Serena a su lado le cogió la mano para infundirle ánimos. La llamó casi enseguida y ella llegó a la corte corriendo y chillando insultos a todos. Casi la obligan a retirarse y por eso se tuvo que calmar.
Le dedico una sonrisa a su mejor amiga. Nunca podría expresar todo lo agradecido que estaba.
-Pues ya he tomado una decisión-Dijo el juez-La custodia de los menores, será otorgada la señorita Scarlett Elizabeth Mayer, y el señor Valentín Sánchez Vilar hasta nuevo aviso, no dispondrá de un régimen visitas.
-¡Maldito sucio juez corrupto!-Gritó Serena levantándose repentinamente. Valentín con lagrimas en los ojos y Gerónimo preocupada intentaron retenerla pero no les sirvió de nada-¡Vieja arpía, venenosa y maldita, sólo porque Santiago no te quiso quieres arruinarle la vida a Valentín, ojalá que te mueras!
Gerónimo consiguió taparle su boca y la saco a rastras del jurado mientras ella a patadas y manotazos quería liberarse.

(* Serena *)

Una vez fuera del juzgado, él la soltó. Serena lo miró con furia e intento entras devuelta pero él la retuvo.
-¡Deja de comportarte así, Serena, no lograras nada!-Le gritó él.
-¡Maldición!-Dijo ella- ¡¿Cómo puedes ser así?!, ¡Ver tanta injusticia y quedar frío e indiferente ante todo!
-¡Serena la decisión del juez es justa!-Le comentó el, convencido-Los niños podrían crecer con algún trauma de identidad si vivieran con Valentín.
La mirada de la bella rubia se endureció.
-Vete de aquí Gerónimo, y en tu vida se te ocurra volver a buscarme. De verdad creí que habías cambiado-Le respondió con dolor en la voz. La desilusión sabía como el veneno más potente-Eres igual de homo fóbico que todos, que Scarlett, que esos jueces...¡Vete!
Él sintió el peso de la injusticia. No dijo nada malo, esta vez no había insultado la condición de Valentín, ni lo despreció, sólo le expuso a Serena su opinión de la adopción entre homosexuales. Todo su orgullo afloró de un momento para otro.
-¿Sabes qué, Serena?, yo creí que tú habías madurado, pero sigues siendo la misma niña tonta.
Y luego de soltar esas palabras, se fue.
Valentín lloroso salía de la corte, con Rodrigo palmeándole la espalda. Serena lo abrazó con fuerza, verlo llorar le partía el alma. El dolor de su mejor amigo, era el suyo.
Él se separó de ella y tomó sus manos.
-Gracias por todo el apoyo Serena, eres una de las mejores cosas que me paso en la vida, sin tu amistad hubiera estado perdido. Ahora me acaban de destrozar, pero juntare todos los trozos y volveré a luchar pero te necesitaré a mi lado. Hemos decidido con Rodrigo hacer un viaje para sanar estas heridas pero cuando vuelva, recuperaré a mis niños. Estoy seguro.

CONTINUARA...

CAPITULO 19, ESCRITO POR DEIANNE

CAPITULO 19, ESCRITO POR DEIANNE



Estaban recostados junto a la chimenea dentro de la casa. Serena miraba nostálgicamente el papel que tenía entre sus manos. Gerónimo lucía un poco perdido en sus pensamientos.
Él la abrazaba tiernamente por la cintura. El fuego de matices anaranjados iluminaba sus rostros.
-Me disculpare con él cuando regrese, Serena, si eso te hace feliz-Comentó él con la voz un poco forzada.
-Me encantaría que ustedes dos pudieran llevarse bien-Comentó ella mientras acariciaba el fornido pecho de Gerónimo-Después de todo son los hombres de mi vida.
-¿Eso quiere decir que ya lo has perdonado, Serena?...
-Creo que no tengo ya nada que perdonarle. Me ha dicho la verdad mediante esta carta, se ha sincerado, creo que merece otra oportunidad.
-Tú siempre tan buena-Susurró él. Enredo el rubio cabello de Serena entre sus dedos-Te amo por ello. No merecía que me perdones a mí, siempre he sido tan arrogante.
-Lo has pagado muy caro ya, Gerónimo, deja de torturarte. Yo te acepto así, como eres. Veo todo el esfuerzo que estas haciendo por cambiar, soy conciente de lo mucho que te cuesta ¿Sabes?
-Serena...dime una cosa. ¿Qué es lo que me perdí?; ¿Cuándo maduraste tanto?
Ella frunció el ceño al momento que sus mejillas se teñían de un bonito color carmín. Gerónimo río. Le encantaba hacerla enfadar, ¡Lucía tan linda enojada!
Serena se desenredo con brusquedad de los brazos de Gerónimo y se levantó con rapidez, al hacerlo, sus tobillos se enredaron y la escena culmino en una dolorosa caída contra el pecho de su novio.
-¡Ay, Serena!-Gruño Gerónimo-Sigues siendo la misma torpe.
-¡Que romanticismo el suyo, señor Salvatierra!
Ambos se miraron fijamente a los ojos. Se perdieron el uno en el otro una vez más. Sus labios lentamente se fueron acercando, con una lentitud casi devastadora. La beso suavemente, con ternura e intensidad.
Ambos se dieron cuenta en ese preciso momento que el amor empezaba florecer, dejando atrás las inseguridades y la inmadurez. Empezaban a crecer. Por fin, eran Serena y Gerónimo. Porque no podía ser de otra forma.



Valentín esperaba pacientemente que Scarlett y Rodrigo volvieran con las maletas. Feliz, observaba como sus dos niños correteaban alrededor de Emma, que sonreía con ternura.
Así de esa forma, no parecía tan desquiciada. No podía evitar preguntarse si no estaría cometiendo un grave error al haber tomado la decisión de internarla en un centro de salud.
-¿Por qué lo hiciste, Valentín?-Emma de repente se había acercado a él, llorando desesperadamente.
-Emma, cálmate...luego hablaremos de ello.
-¡Mentira!, ¡Mentira!...¡Tu me engañaste, nunca me quisiste, eres un maldito!, ¡Ahora estas aliado con esa arpía!
-Te lo ruego, Emma, guarda silencio...compórtate aquí-Puso sus manos en los hombros de ella al notar que varias personas a su alrededor los miraban.
-¡Eres un desgraciado!-Ella se abrazó a él con fuerza-¡Me ilusionaste Valentín!; ¡Pensé que me amabas! ¡Teníamos una vida!...-Emma lloraba, y Valentín no podía sentirse más aturdido y culpable. La niña comenzaba a chillar junto con su madre, y su hijo lo miraba con altivez.
-Yo te quise Emma, enserio, pero no podía negarme lo que soy...-Empezó a decir él, eligiendo las palabras con cautela. No quería herirla...aun más.
-Emma, ¿Otra vez con tus escenitas?...Por favor, no seas tonta-La voz gélida de Scarlett sonó a unos pasos de ellos. Emma se separó de él tan rápido como si hubiera recibido un choque de electricidad. Vaciló unos segundos, daba la impresión de que de un momento a otro se abalanzaría sobre su hermosa prima pero sólo sonrió con ternura.
-Lucecita, ven, dale un abrazo a tu mami-La niña se acerco a ella con los ojos enrojecidos e hinchados-¿Por qué lloras?, las niñas bonitas como tú no deben llorar nunca.
-¿Ves lo que te digo, Valentín?-La voz arrogante de Scarlett retumbo en sus oídos produciéndole irritación. No la soportaba pero no tenía otra salida. Quería a sus hijos con él.
-Como digas-Rodrigo se acerco a su novio y lo tomó de la mano. Scarlett hizo un gesto de desagrado, esas estúpidas demostraciones anormales de cariño siempre la asqueaban. Esquivó la mirada conteniendo las ansias por insultarlos. Malditos raros, los golpearía si no fuese una mujer.
-Marchémonos de aquí-Ordenó con su voz autoritaria-que ya tengo jaqueca por tanto ruido, espero que tu casa Valentín, sea tranquila.
Rodrigo y Valentín suspiraron con resignación y partieron detrás de Emma, Scarlett y los dos niños.


El recinto era enorme. Un imponente edificio blanco, de bastos jardines verdes, se alzaba ante ellos. En la entrada, un letrero azul con letras doradas profesaba: “Centro de salud mental, Sant Anthony”.
El joven escritor observo preocupado a su alrededor, aun no estaba muy seguro. Su novio apoyo una mano en su hombro y le miro con profundidad. Dos simples gestos que transmitían tanto.
-Scarlett, ¿Estas segura que es un buen lugar?...
-El mejor en los alrededores, por ello el más caro...
-Bueno, supongo que deberé confiar en ti...¿Cómo haremos para que ella acepte quedarse?...
-No te recomiendo que se lo digas, ya los enfermeros se encargaran de ello, Valentín.
Un grupo de médicos salió a recibirlos. Todos sonreían con afabilidad y parecían muy amables. El de mayor edad, un hombre entrecano de ojos azules, invito a Scarlett y Valentín a pasar al consultorio.
-Rodrigo, por favor, encárgate de los niños unos segundos. Cuídalos y deja que se despidan de su madre.
Se sentía mareado. Algo en él le advertía que no estaba haciendo lo correcto. Una sensación de malestar le recordaba todo el daño que le provoco a Emma. La culpa lo corroía...fluía por todo su cuerpo como lava ardiente. No lograba pensar claro.
Vio como los enfermeros convencían a la rubia mujer con alguna falsa promesa...tan joven y bella, su vida estaba acabada. Le rompió el corazón el ver como Emma abrazaba por ultima vez a Luz y Benjamín.
-Claro Val, tú sólo sé fuerte, por ellos...por ti mismo.

-Déjate ya de tonterías y sigue al doctor- Le reclamó Scarlett en un susurro. Ambos siguieron al medico por unos pasillos hasta llegar a su oficina. Valentín aun se sentía perdido.

Media hora después el taxi se alejaba de aquel sanatorio mental, y lo único que Valentín podía sentir era la mano de Rodrigo sobre la suya y el peso de los recuerdos sobre su espalda. Sólo quería remediar todos sus errores.


El teléfono de la casa de Serena sonó con estrépito en las primeras horas del amanecer. Se encontró dormida en la alfombra de su casa junto a Gerónimo. Se levantó un poco risueña y como tenía los ojos aun entrecerrados se choco contra la mesita ratona e hizo caer el teléfono. Maldiciendo su pastosidad tomo el auricular y respondió.
-¿Hola?-Dijo ella. Estaba un poco extrañada porque Gerónimo no se había despertado con todo el alborto que armo.
-Señorita del desastre-Una voz tierna llegó desde el otro lado.
-¡Valentín! ¡Valentín! ¡Eres tú!-Ella empezó a dar gritos y saltos de emoción que si lograron sacar a Gerónimo de su profundo sueño. La miró con molestia.
-¡No sabía que me habías extrañado tanto!-Comentó el con voz jocosa.
-¡Claro que sí! ¡Debo verte ya!; ¡No sabes todo lo que tengo para contarte! ¿Qué haces ahora?, ¿Puedo ir a tu casa?, ¡Pero claro que voy ahora mismo, que tonta soy!-Y colgó el teléfono de repente.
-Me voy Gerónimo, adiós. Cuando vuelva te cuento.
-¿Y no te vas a cambiar de ropa?, ¡tienes puesta la misma que ayer!
Pero ella no lo escucho, salió de la casa como un rayo, colmada de emoción y ansias por reencontrarse con su mejor amigo. ¡Lo había extrañado tanto!

Cuando Valentín escucho el timbre de la casa sólo sonrió. Esa manera peculiar de llamar a la puerta era sólo de Serena. Abrió con entusiasmo y ella se abalanzo sobre el sin meditarlo. Lo abrazo con toda la fuerza que era capaz y él le devolvió con él mismo ímpetu.
-¡Eres un estúpido!-Le reprocho ella mientras estaban abrazado-¡No avisaste nada, no sabes como me preocupe, tonto!
-Lo siento Serena, estaba tan dolido y fue todo tan repentino, que no tuve tiempo de nada, no pensé nada. ¿Me disculpas?
-Claro-Ella deshizo el abrazo. Y lo miró de arriba hacia abajo.
-Oye, luces algo viejo desde la ultima vez que te vi-El soltó una carcajada sincera, de esas que sólo Serena sabia provocar.
-¿Por qué no te miras al espejo antes de decirme algo?, estas toda desarreglada...
-No tengo la culpa de que me llames a las seis de la mañana...
No pudo terminar la frase porque de uno de los cuartos de huéspedes del departamento de Valentín salió una mujer hermosa vestida sólo en bata. Tenía una mirada agria cuando la miró.
-¿Qué es tanto alboroto?, estaba tratando de descansar...
Valentín le pidió disculpas a Serena con la mirada por el comportamiento de su concubina. Lo avergonzaba tanto.
-Serena...ella es Scarlett, la tía de mis hijos. Vino a vivir conmigo.
-Mucho gusto-Dijo la rubia con emoción-¡Eres guapísima!
-¡No me digas que ella también es rarita, por favor!
Valentín suspiro nuevamente.
-¡No!-Le respondió Serena con un gritito- ¡Solo quería hacer un cumplido para caerte bien!
-No te esfuerces-Dijo ella secamente y se retiro de la presencia de ambos.
-¡Que tipa más amargada!


-Señor, lo siento-Le dijo Marcia con tristeza fingida. Octavio tenía la mirada perdida en algún lugar del techo. Estaba intentando con todas sus fuerzas no llorar-Si quiere puedo acompañarlo al centro de salud a terminar con los papeles de su difunto tío.
-Te lo agradezco, Marcia, pero es algo que debo hacer solo. Dile a todo el personal que hoy y mañana cierra la empresa por luto.
No espero a que ella contestara y se dispuso a salir del edificio. Mientras caminaba tenia la impresión de que todo estaba mal. Su tío favorito había muerto después de años de sufrir esquizofrenia y en unos de sus ataques, se corto las venas.
Una vez en el lugar, camino por los alrededores para infundirse fuerzas para ver el cuerpo sin vida de su tío. No sabia si sería capaz de soportar tanto dolor.
Cerró los ojos, y camino por los jardines.
Todos los pacientes deambulaban como perdidos, y el pasaba desapercibido. Un hombre de pelo negro bajo un árbol leía un libro y una señora de avanzaba edad le daba de comer a un niño con discapacidades motrices. A veces el mundo era tan injusto.
Una mujer que se encontraba corriendo una mariposa llamo su atención. Era hermosa, con su cabello rubio y su mirada azulina.
Ella se percato de que él la observaba y se acerco a él.
-Hola señor-Dijo con voz dulce-sus ojos están muy tristes...
Debía de ser una paciente.
-Así es, hoy he perdido algo muy valioso.
-Si usted lo desea, yo puedo ayudar a encontrarlo. ¿Qué era?
-Una vida...
-¡Ah!; lo siento, eso no se recupera...pero no este triste. Hay otra vida mejor que esta, yo quisiera estar allí. Si lo que se perdió se fue de esta vida seguro esta en la otra, mucho más tranquilo. No se aflija.
-Gracias, eres un ángel. ¿Cómo te llamas?
-Mis padres me pusieron Emma...-Contesto con voz de niña-¿Y usted?
-Octavio...un placer de conocerla señorita.
-Octavio, el de los ojos tristes. Mi nuevo amigo...

Gerónimo esperaba impaciente fuera de la casa de Valentín. Cumpliría la promesa que le hizo a Serena auque le costara su orgullo...toco una y otra vez. La puerta se abrió y el quedo estupefacto.
-¿Scarlett?, ¿Qué diablos haces aquí de nuevo?

CAPITULO 18, ESCRITO POR DEIANNE

CAPITULO 18, ESCRITO POR DEIANNE


La luz del alba choco contra el rostro de un dormido Valentín, despertándolo. Se sorprendió al encontrarse entre los brazos de Rodrigo. ¿Cuándo fue la ultima vez que había amanecido junto a alguien?.
Miró el rostro pacifico del pelirrojo y deseo con todas sus fuerzas llegar a quererle algún día. Estaba decidido a intentarlo porque él se lo merecía. Nunca nadie antes había hecho tantas cosas por él...sin esperar nada a cambio. Si no fuera por Rodrigo, él nunca hubiese reunido el valor para buscar a sus hijos...nunca habría reconocido que se interponía entre la relación de Serena y Gerónimo.
Miró al techo por una fracción de segundo y los recuerdos pasaron como una película frente a sus ojos.

Serena con el sol naciente por detrás montando en una bicicleta rosada.
Serena en el suelo insultando furiosamente a Gerónimo.
Serena burlándose de su exagerado gusto por el orden.
Serena diciéndole que era su mejor amigo.
Serena tropezando con su vestido rosado el día de aquella fiesta.
Serena con el rostro lleno de lagrimas al saber toda su verdad.


Serena, la torpe, el desastre mundial, la deslenguada, la descuidada, la irresponsable, la infantil...la señorita del desastre.
Serena Márquez, su ingenua y bella mejor amiga. Tan solo su recuerdo hizo que una genuina sonrisa de pintara en su rostro. ¡Cuánto la extrañaba!, y en ese momento la estaba necesitando más que nunca. Lo tenía a Rodrigo, de eso estaba completamente seguro pero algo le faltaba y era ella, su incondicional.
Se levantó lentamente de la cama y busco en su equipaje la libreta en donde acostumbraba a escribir. Sentándose en un gran sillón color marfil, miró a través de la ventana y sintió esa sensación que hace un tiempo que se le escurría. La magia fluyendo por sus venas, las letras volando en el aire esperando formar parte del papel blanco que tenía ante sí, las emociones haciendo latir su corazón, la mente rebozando de imágenes coloridas y alegres...el deseo de expresar todos sus sueños con la tinta. El indistinguible sabor de la inspiración.
Con su perfecta caligrafía titulo su nueva obra, “Querida Serena”.

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Serena tenía la mente lejos de su trabajo, y mientras peinaba a una jovencita no podía dejar de pensar en todo lo que estaba sucediendo. Los dos hombres que ella más quería le habían decepcionado y aun así no dejaba de quererlos.
Valentín, quien siempre le había parecido un joven pacifico, educado y honesto (aunque demasiado perfeccionista para su gusto), se había convertido de la noche a la mañana en alguien con un pasado escondido. ¿Era un mentiroso?
Gerónimo que siempre fue un pedante egoísta daba la impresión de haber cambiado por ella pero nada, sólo resulto una terrible decepción.
-¿Sabes qué?-Le dijo a la adolescente con una voz infantil-Los hombres apestan. Son todos iguales, nunca te confíes de ellos y mucho menos te enamores-La niña soltó una risita melodiosa pero no le contesto- ¡Yo no lo puedo creer!-Siguió quejándose cada vez con un tono de voz más alto- ¡Vaya!, Eh roto el record de enamorarme de dos idiotas en un solo año...¡aplauso para la inteligente!, primero te enamoras de un supuesto homosexual que después resulta no ser tan gay como creías porque tiene dos hijos y una esposa y luego, ¡Y luego como una tonta la crees al estúpido, egocéntrico, grosero y superficial chico del que has estado enamorado desde niña y que te ha humillado, que quiere cambiar por ti cuando lo único que desea es considerarte de su propiedad y acostarse contigo!-Una vez que termino de descargarse, con gran vergüenza descubrió que todos en el salón de belleza la miraban aguantando la risa. Los colores se le subieron al rostro y miró el reloj, era hora de irse y gracias a Dios había terminado con el peinado de la niña.
Con toda la poca dignidad que pudo reunir, se quito los guantes y la bata y salió de allí con porte digno. Su voz interior gritaba: ¡Trágame tierra!.
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Faltaban dos minutos para la nueve cuando Rodrigo despertó. Sintió un vació en la cama y miró alrededor para ver si su nuevo novio se encontraba por allí. Se tranquilizo al verlo sumido en un letargo junto a la ventana.
-¿Qué haces?-Preguntó el pelirrojo profiriendo un gran bostezo-¿Valentín?-El nombrado reacciono al escuchar su nombre y le sonrió con dulzura.
-Pues escribo, supongo que hoy, después de mucho tiempo he encontrado nuevamente mi inspiración.
Rodrigo sintió que su corazón saltaba al escuchar la confesión de Valentín, pensando que se refería a él.
-¿Y como has encontrado nuevamente tu inspiración, si me quieres contar?-Se animo a preguntar él, ilusionado.
-Gracias a Serena...-Dijo Valentín con precaución al notar lo ilusionado que estaba el joven pelirrojo. Le molesto de una forma extraña ver la abierta desencanto del muchacho.
-Oh, bueno, me alegro por ti entonces-Le regalo una de esas sonrisas encantadoras pero fingidas que él sabía darle. Valentín dejo su libreta en la mesita y se levanto del sofá.
-Siempre he sabido que el amor esta hecho de sacrificios por nuestro ser amado pero... no estoy preparado para que alguien haga este tipo de sacrificios por mi.
-Nadie esta preparado para ello-Comentó Rodrigo secamente esquivando la mirada del escritor.
-Lo sé...por eso te pido un poco de paciencia. Sé que no la merezco y que eres demasiado para mí, Rodrigo...no sé como pagarte todo esto.
-Deja de mencionarlo así, como si fuera tan importante Valentín-Dijo Rodrigo, mirándolo con lagrimas en los ojos- Es posible dar sin amar pero amar sin dar no lo es...y quiero que tu seas feliz, conmigo o sin mí...no es algo heroico y no tienes que devolverme nada, lo sabes.
-Sí, pero entiendo algo Rodrigo...Después de Santiago creí que el amor no existía, que toda felicidad se había acabado. Este ultimo tiempo he estado sumido en la oscuridad y por ello he lastimado a las personas que más aprecio. Yo creía que mi Santi era perfecto pero he descubierto que fue un cobarde, que me mintió y ni siquiera sé si me amaba de verdad pero no me arrepiento de haber estado con él, me hizo más feliz que nadie...aunque sus errores me han hecho ver que debo continuar con mi vida, sin culpabilidades, por fin me libere de las cadenas que me ataban a él...
Pero entre toda esa oscuridad hubo una pequeña luz, que cada vez se hizo más intensa...Serena. Si ella no hubiera entrado a mi vida, hubiera seguido el mismo camino que Santiago, pero Dios me mando un ángel para que me hiciera levantar vuelo nuevamente...
Rodrigo no supo que contestarlo y se sintió inmensamente tonto por haber tenido celos de esa jovencita unos momentos atrás.
-Siempre le estaré eternamente agradecido a ella-Contestó Rodrigo-Quizás ahora no te tuviera conmigo si no la hubieras conocido.
-Y yo igual, y luego tú, y aunque al principio te rechacé de la peor forma me abriste las puertas Rodrigo, me obligaste a enfrentarme con la peor parte de mí y gracias a ti estoy cometiendo la locura más grande del mundo...siento que ya te estoy queriendo...
-Y yo te he amado desde que te conocí, Valentín-Él mencionado se acerco lentamente a la cama donde aun estaba recostado Rodrigo, una vez sentado allí se inclino sobre él. Sus labios se encontraron en uno roce tierno, ese era su primer beso real...uno que nunca olvidarían.

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Giro la llave y la puerta se abrió. Se llevó una sorpresa gran al ver toda su habitación llena de ramos de rosas amarillas. Sus favoritas. Se adentro más y busco a su mamá que estaba en la cocina.
-¿Qué es todo esto?-Su progenitora no le respondió pero le entrego una tarjetita blanca de bordes dorados mientras le dirigía una sonrisa picara. Serena leyó la pequeña frase y una furia irrazonable la llenó por dentro. Arrojo la desdichada dedicatorio al suelo y la piso con frenesí para dos segundos más tarde, salir de su casa en busca de una explicación a todo ese espectáculo.
Cuando se dirigía a la casa del idiota que había forrado su casa con esas espantosas flores de cementerio (antes del suceso, sus favoritos) creyó escuchar la voz de él en un campo de fútbol. Se dijo que estaba alucinando pero sus sospechas se disiparon cuando el sonido se repitió. Se volteo para ingresar en el área verde pero no fue necesario, porque lo vio, como nunca antes.
¿Qué le pasaba?, ¿De repente se había vuelto loca?, ese no podía ser Gerónimo. Un joven parecido al que ella quería matar en ese momento estaba rodeado de niños y niñas huérfanos de la iglesia, corriendo detrás de una pelota.
Todos reían, gritaba y se divertían y fue cuando el joven levanto a una bonita niña por los aires, con una delicadeza inusual en uno hombre. Al terminar el giro, sus miradas se encontraron y la sonrisa se borró del rostro de Gerónimo. Dejó a la niña en el suelo y fue hasta donde estaba ella.
-¿Qué significa todo esto?, si puedo saber claro-Preguntó ella con las manos en la cintura. Todos los niños se pusieron detrás de Gerónimo.
-¿Quién es esa jovencita tan linda?-Preguntó la voz dulce de una niña detrás de él.
-Ella es la mujer a quien más amo en el mundo-Dijo Gerónimo mirando a Serena a los ojos. Todos lo niños rieron con su picardía natural.
-No puedo creer que los estés usando para que yo te perdone-Comentó ella indignada-¡¿Cómo puedes ser capaz?!-Le gritó, descargando toda su furia.
-¡Dame una oportunidad!, ¿Por qué me dices eso?, estoy tratando de cambiar, de hacer las cosas bien, ¡Y disfruto mucho estando con estos enanos!
-¡No seas hipócrita!, tu no cambias más y por favor deja de enviarme esas flores odiosas en mi casa porque las tiraré a todas a la basura.
-¡Serena! ¿Qué te pasa?, tu no eres así...
-¡Tú me pasas Gerónimo!, maldita sea, me estoy cansando de ser la tonta con las que todos juegan como quieren...-las lagrimas empezaron a escapar por sus mejillas.
-¿Porque lloras?- Atinó a preguntar Gerónimo. Al parecer no estaba muy seguro de cómo actuar en ese momento, pero si de algo estaba seguro es que no había otra persona en el mundo que mereciera menos sufrir que Serena. Ella no merecía derrochar ni una lágrima más, ella sólo comienzo de una felicidad eterna, la que él estaba dispuesto a darle.
-¡Tt-te odio! Snif snif! Te odio como jamás creí odiar a alguien en mi vida!-fue la dura respuesta de Serena sin siquiera mirarlo, tapando con sus manos su rostro y, a la vez, tratando de evitar inútilmente que las lágrimas escaparan de las mismas, como si el liquido no tuviera su ruta libre.
Todos los niños detrás de Gerónimo, a pesar de su corta edad, entendieron que debían irse y así lo hicieron.
-¡No, no lo haces!-Gerónimo la tomó por los hombros y, sin mucho esfuerzo, logró apartarla del pequeño caparazón que había formado con su cuerpo y en el cual estaba escondida. El rostro que quedó frente a él lo dejó sin palabras, era tan desolador, esos hermosos ojos castaños estaban ahogados por las lágrimas y ligeramente hinchados, sus labios rosas temblaban tratando de ahogar los gemidos de su dueña, y el rostro enmarcado por las lágrimas acompañado de la humedad del mismo, de su cabello y de todo el cuerpo, debido a la lluvia, la hacían ver como un pequeño ser abandonado-Aunque me des vuelta la cara, aunque no quieras llorar más por mi, siempre habrá algo de mi en tu alma porque habrá algo de mi en tus sueños.”-Tomó aire para respirar con un destello de suplica en sus rasgos-Porque siempre hubo y abra algo de mi en tu corazón...- la mirada de Gerónimo era tan intensa para Serena que se sentía en un sueño, uno de sus tantos sueños en los que su amado finalmente confesaba su amor por ella, pero esto... era real. La joven estaba hipnotizada por sus palabras, las cuales le resultaban también tan reales- Aunque se hayan apagado las ganas de seguir amándome...- Aunque el tiempo borre la ilusión... Nadie puede cambiar el pasado...-a cada palabra un paso más lo acercaba a su amada-... la memoria...-hasta quedar a tan solo centímetros de su rostro -... y la emoción- Susurró sintiéndose débil por la cercanía de su amada. El anhelo de probar esos labios, su desesperación por hacerlo.
-¡NO!- Exclamó la niña apartando no muy delicadamente a Arnold de ella y comenzando a caminar una vez más por la habitación...-¡No volverás a engañarme, Gerónimo Salvatierra!-Y empezó a correr, dolorida, dejándolo atrás mientras él empezaba a sumirse en un gran dolor.
“No”-Se dijo a él mismo-“No me daré por vencido, no te dejare, Serena...te mostrare que puedo cambiar...que a veces, me duele ser como soy”
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-¡Haber Luz, quiero que te pongas ese libro en tu cabeza y me muestres como va tu postura!-Le dijo Scarlett con severidad mientras la niña desfilaba frente a ella-Tus avances van muy bien, cuando lo logres te compraré esa barbie que tanto quieres.
-¡Gracias, Tía Scarlett, eres la mejor de todas!-Dijo la niñita con su linda voz.
-Y tú, Benjamín, ¿cómo vas con tu tarea?...
-Genial tía, ya casi termino con mi cuento para literatura, cuando lo termine quiero que lo veas-Dijo él y luego volvió a concentrarse en sus quehaceres. Scarlett sonrió orgullosa de sus dos “creaciones”.
El timbre sonó y Scarlett intuyo de que se trataba. Con su porte magnifico y su elegancia sin igual abrió la puerta y no sé sorprendió al ver a Valentín en el umbral.
-Ya tome una decisión-Dijo él con firmeza.
-Me muero por saber cual es...

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Lloraba tendida en su cama color rosa. No quería seguir amando a Gerónimo porque era tan egoísta, se valía de los niños más desvalidos para acercarse a ella, ¡tan insensible!. Lloró aun más y cuando ya casi no le quedaban lagrimas, una música lenta empezó a sonar fuera.
Se acerco extrañada a la ventana y lo que vio fue demasiado, tanto que las lagrimas empezaron a escapar nuevamente cuando creía que se habían secado.
Todos los niños formaban un circulo y cada uno tenía una vela que iluminaba la calle a oscuras, en el centro estaba Gerónimo. El cielo era de un aterciopelado azul y estaba lleno de estrellas. Todos sus vecinos estaban saliendo a la calle al ver el espectáculo, incluso su propia madre...
Una pancarta gigante se extendió desde las ventanas el edificio del frente, en ella estaba escrito en letras grandes y prolijas: “PERDONAME, MI VIDA ES UN SIGLO SIN TI”.
La música siguió sonando y se impresiono aun más cuando vio que Gerónimo comenzaba a cantar.
-“Mil y una historias he inventado, para estar aquí, aquí a tu lado y no te das cuenta que yo no encuentro ya que hacer...”-El la estaba mirando, sus ojos verdes llenos de lagrimas estaban clavados en la ventana por la que miraba ella. Su corazón se desboco de un momento a otro-Sé que piensas que no he sincero, sé que piensas que ya no tengo remedio, pero ¿Quién iba a decir?, que sin ti no sé vivir-El estiro su mano libre hacía ella y luego la pozo en su corazón- Y ahora que no estas aquí, me doy cuenta falta me haces...-Lo niños alrededor de él empezaron a balancear las velas de un lado a otro y fuegos artificiales empezaron a explotar en el cielo-¡Si te he fallado, te pido perdón de la única forma que sé, abriendo las puertas de mi corazón cuando decidas volver!, ¡Porque nunca habrá nadie que pueda llenar el vació que dejaste en mí, has cambiado mi vida, me has hecho crecer porque no soy el mismo de ayer!...¡Mi vida es un siglo sin ti!-
Serena lloraba cada vez con más potencia pero ya no era de tristeza, era de una felicidad inmensa, algo que nunca había experimentado, se sentía completa. Cerró la cortina y se precipito a correr por las escaleras, abrió la puerta y lo vio, arrodillado y con una ramo de rosas amarillas que quien sabe de donde habían salido. Pero no le importo. Corrió una vez más, hacía él, hacía su felicidad.
No hubo oportunidad para respuestas. Serena acortó rápidamente la distancia entre sus labios, ahogando en su boca un pequeño gemido de sorpresa por parte de Gerónimo. No hubo tiempo para siquiera apenas un roce antes de la unión, sólo una mirada, el contacto eléctrico de sus labios que recorría ahora hasta sus piernas y el palpitar de sus corazones aullando con silenciosa voz a unísono. Un apasionado beso se estaba llevando acabo. El anhelo y la ansiedad se plasmaban en cada caricia prodigada por la suave y delgada piel de seda que conformaban sus labios. En ese beso estaban dejando todos los sentimientos, el dolor, la locura. Estaban dejando su vida en aquel beso.
Todos a su alrededor, los peatones, los vecinos, los niños, estallaron en aplausos fervorosos ante aquella exhibición de amor. Una vez que se separaron, Serena le sonrió entre las lagrimas.
-Wow, ¡Te has humillado por mí, Gerónimo Salvatierra!
-Por verte un segundo Serena, lo haría mil veces más, te amo...nunca más vuelvas a dudarlo. Te amo más que a nadie, más que a mi mismo, más que a mi dinero, más que a mi mismo...Te amo.
-Yo también te amo Gerónimo...no puedo creer todo esto. Te debes haber gastado dinerales.
-Tú vales mucho más que todo esto-Y se volvieron a besar.


Un cartero estaba perdido entre toda esa multitud, era la cosa más extraña que le había pasado, llegar justo ante una declaración de amor de tal magnitud.
-¿Alguien de aquí es la señorita Serena Márquez?-Preguntó el cartero a gritos.
-¡Soy yo!-Gritó la rubia llorosa que se encontraba entre los brazos del amante desesperado.
-Una carta para usted-Dijo él cartero acercando a ella un poco cohibido y se la entrego-Firme aquí, por favor...-Luego de que él pobre hombre confundido se retiro. Ella miro el reverso de la carta.
-Es de Valentín-Anuncio en un susurro a Gerónimo.
-Pues léela-La animo él sonriendo.
-Tienes razón, entremos a casa.
Una vez adentro ella rompió el sobre y desplegó el papel que contenía. Empezó a leer la carta en voz alta.

-Querida Serena:
Aquí todo esta amaneciendo, como él día en que te conocí ¿Lo recuerdas?. Sé que debes estar muy enfadada conmigo y tienes todas las razones del mundo. Me fui sin dar explicaciones a nadie, lo sé...pero sobretodo y lo más importante, sin darte explicaciones a ti, mi mejor amiga.
Cometí muchos errores en mi vida, y por ello sé que hay equivocaciones buenas, como la que yo tuve tiempo atrás. Desesperado por negar mi naturaleza me casé con una bella mujer que estaba locamente enamorada de mí, Emma Pirovanni es su nombre, no la amaba claro esta pero tuvimos dos bellos hijos: Luz y Benjamín. A ellos si que lo amo con todo mi corazón. Ahora me encuentro en Londres, buscándolos, porque cuando deje a Emma por Santiago, ella los alejo de mí.
Los encontré, están bellísimos, no te imaginas cuanto, pero hay un problema. Emma esta desquiciada, y vive con su prima Scarlett que se ha hecho cargo de mis dos hijos. Le estoy eternamente agradecido por ello.
Cuando recibas esta carta seguramente estaré en el avión, acompañado de mi nuevo novio: Rodrigo (Me he dado cuenta que llegaré a quererlo), de Scarlett (Porque no puedo separarla de los niños), de Emma a quien internaremos en un sanatorio y de mis hijos, por supuesto.
Espero que puedas perdonarme...y que volvamos a ser tan amigos como siempre.
Te quiero mucho.
Valentín.